El Reloj Cósmico: Introduccíon

Por encima de nuestras cabezas los planetas describen en el cielo asombrosas espirales entrecruzadas. En realidad, bailan y juntos parecen ejecutar una danza en la que nuestra feliz tierra participa. ¡Quizás se muevan por impulsos de vida! ¿Habremos descubierto de forma indirecta, a partir de los movimientos físicos de los planetas, la Vida que se oculta tras ellos?. ¿Habremos encontrado de una forma nueva, científica esta vez, el cielo de nuestros antepasado?.

Vamos a abrir nuestros sentidos y esforzarnos en una observación elemental y concreta de lo que podemos ver desde la tierra. Dejaremos de lado el deseo de contemplar cada planeta bajo su aspecto físico; la vida animada, nos pide que descubramos los planetas en su comportamiento vivo, en sus movimientos, sus gestos, su relaciones entre si.

El reloj cósmico es un pequeño planetario a través del que se puede visualizar las relaciones entre la tierra, los planetas móviles y el cielo zodiacal; a partir de la tierra, según el sistema geocéntrico.

Nuestra época se ha excedido en representaciones abstractas del cielo; necesitamos representaciones concretas que nos permitan todos los días realizar por nosotros mismos descubrimientos en el cielo, relacionados con las observaciones agrícolas, ganaderas y en general de todos los procesos biológicos.
Paso a paso iremos descubriendo la fuente. Paso a paso percibiremos de donde vienen los ritmos que dan forma a las plantas, que modelan los paisajes…que IMPULSAN LA VIDA.

Constelaciones Zodiacales

En la periferia de la “noria” planetaria, esa franja celeste de los planetas, se encuentran en un segundo plano periférico las constelaciones más influyentes del Cielo estrellado, las constelaciones, cuyas dimensiones son diferentes, “se proyectan” sobre un espacio más o menos amplio. Por ejemplo, Virgo domina sobre 46º, mientras que su pequeña vecina Libra sólo tiene un área de actividad de 18º.

La luna, como ya hemos visto, gravita alrededor de la Tierra en sentido contrario a las agujas del reloj, como el Sol y todos los planetas. Cada mes, la Luna pasa por delante de cada una de las 12 constelaciones, siendo influida por su diferente dinamismo: luna en Aries, luna en Piscis…



El sol sigue el mismo recorrido en un año. En Navidad se sitúa a la entrada de Sagitario; en primavera está saliendo de Piscis. El mismo día en que comienza la primavera, se encuentra en el punto vernal o equinoccio. En este momento, en su ascenso, atraviesa el plano ecuatorial celeste y pasa a gravitar por encima de él.

Los signos astrológicos empiezan siempre aquí, en el punto vernal. En él aparece el primero de los signos, Aries, seguido de Tauro y todos los demás, finalizando en Piscis. Pero el problema se complica; de hecho, el Sol adelanta la primavera cada año, ya que el plano de la eclíptica también oscila y realiza una vuelta completa, no en 18 años como la Luna, sino en 25.920 años, el año microcósmico platónico. El Sol adelanta la primavera de la Tierra 1º cada 72 años: es la precesión del equinoccio. Los signos que corresponden a la respuesta de la Tierra, en tanto a su organismo, y de sus habitantes a los impulsos celestes en su vitalidad y su psiquismo, se desplazan siempre con el paso de los años con respecto a las constelaciones. Actualmente, la primavera tiene lugar en la constelación Piscis, pero hace 2.160 años, en Grecia y Roma, la primavera se producía delante de la constelación Aries. Los signos y las constelaciones se han encontrado cara a cara, de ahí la confusión actual entre signos y constelaciones en una astrología que sigue siendo tradicional.
Las plantas de nuestros jardines son verdaderos órganos de la Tierra, no organismos cerrados como los animales y los seres humanos. Por lo tanto, responden directamente a las demandas celestes, y son las constelaciones las que hay que tener en cuenta en toda actividad de jardinería o agrícola.

Autor: Xavier FLORIN


Ritmos Lunares

En nuestra época se han confundido los dos ritmos más importantes de la Luna. El primero, el “ritmo sideral”, concierne a la Luna y a su hermana, la Tierra. Este ritmo se denomina “sideral”, ya que la Luna “abandona” una constelación de estrellas situada tras ella, concluye su vuelta a la Tierra y se encuentra de nuevo ante la misma constelación, punto fijo de referencia.

En el segundo ritmo, el “sinódico”, también participa el Sol. En su salida, la Luna nueva se encuentra delante del Sol, se “reúne” con él, visto desde la Tierra, y por tanto en “sínodo”; la Luna da la vuelta a la Tierra vuelve Sol que, mientras tanto, ha recorrido 1/12 de vuelta. El ritmo sinódico es, pues, 2 días y 5 horas más largo que el primero.

Al multiplicar por 13 el ritmo sideral o por 12 el ritmo sinódico, se obtienen menos de 354 días. Un año lunisolar dura ese tiempo. Quedan unos 12 días y una noche reservados al Sol para terminar el año de 365 días y ¼. Son los antiguos días santos, a la entrada y a la salida de los cuales, la cristiandad ha situado la fiesta de Navidad y la Epifanía.

El ritmo sideral mensual de la Luna ascendente y descendente:

Cada mes, la Luna efectúa una vuelta alrededor de la Tierra “sin perderla de vista”. Recorriendo una trayectoria ligada a la “noria” planetaria inclinada respecto a la Tierra, llega un momento en que la Luna se sitúa en la parte alta de esta “noria”, es decir, frente a la constelación de Géminis, próxima a los 70º en altura respecto a la horizontal en el hemisferio templado norte; 14 días más tarde se localizará en la parte en la parte más baja, a 20º o 22º frente a la constelación de Sagitario. Una diferencia, por tanto de 50º que resulta considerable. Podemos observar que cada mes la Luna, como una respiración lunar vivida por la Tierra, asciende: como si fuese una espiración, o desciende: a modo de inspiración. Ambos momentos, en que la luna se encuentra en lo más alto o en lo más bajo y se prepara para invertir el movimiento, se denominan lunisticios (Luna estacional); lunisticio norte cuando inicia su descenso y lunisticio sur cuando emprende el ascenso.

El fenómeno no es tan sencillo de observar; de hecho, el mismo plano de la eclíptica fluctúa tanto durante el día en un movimiento rotativo hacia la derecha que es vivido también por la Tierra como otra respiración. Sin embargo, a grandes rasgos, este ritmo de la Luna puede ser observado con ayuda del dibujo. Cuanto más nos adentramos en los detalles de los innumerables ritmos celestes, más nos vemos empujados por los hechos mismos a abandonar esta concepción inicial de una mecánica celeste. Es una real y compleja vida respiratoria que los movimientos lunares, planetarios y celestes (ritmos de la noria planetaria) revelan a los ojos cada vez más despiertos.

El ritmo sinódico mensual de la Luna:

Como hemos visto, el ritmo sideral completa una vuelta alrededor de la Tierra en 27 días, 7 horas y 3 minutos.

El ritmo sinódico se alarga 2 días, 5 horas y 1 minuto más, es decir, que dura 29 días, 12 horas y 4 minutos, ya que la Luna debe “encontrarse” con el Sol, que ha recorrido mientras tanto 30º, buscando el impulso de otra constelación zodiacal. Cada mes “visita” una constelación zodiacal diferente girando en sentido contrario a las agujas del reloj. Estos 12 “encuentros” procuran al Sol 12 calidades distintas que definen las características de los meses del año. A la hora de emprender un trabajo, agrícola o en el huerto, debemos tener en cuenta todos estos datos.

En Luna creciente; al acabar de ponerse el Sol, se ve a ras del horizonte oeste una fina luna creciente. Al día siguiente, a la misma hora, esta luna se ha abierto 13,333º. Lo comprobamos hincando un hito o señal en el suelo y orientándolo hacia la Luna. Al día siguiente, a la misma hora, volvemos con otro hito y medimos. Comprobaremos que la Luna ha crecido y lo seguirá haciendo los 14 días siguientes, hasta que sea llena. Entonces, se levantará por el este el Sol y se pondrá por el oeste.

En Luna menguante; en el momento en que el Sol va a salir, se puede ver la Luna llena por el oeste, preparada para ponerse. A partir de entonces, podemos verla cada día y a la misma hora con una diferencia de 13,333º con respecto a la posición del día anterior. Esto sucede en pleno día la mayor parte del tiempo. 14 días más tarde, junto a la Luna nueva, se observa una fina media luna en el horizonte este, por el que hará su aparición el Sol.

Los ritmos sideral y sinódico de la Luna representados en su conjunto:

Hemos escogido la mitad del ritmo de la Luna creciente porque resulta más fácil seguirlo durante 14 días con buen tiempo, a menudo por la noche, mientras que la mitad del ritmo de la Luna menguante tiene lugar casi siempre en pleno día. Aquí se revela la diferencia de naturaleza y autonomía de estos dos ritmos fundamentales de la Luna, confundidos en nuestro tiempo.

El ejercicio consiste en observar el Cielo al ponerse el Sol; por el oeste en primavera y otoño, o por el oeste-noroeste en invierno, justo después de Luna nueva. Se descubre un filo creciente de Luna a punto de ponerse. Al día siguiente, a la misma hora, se observa de nuevo el horizonte oeste. La luna ha recorrido una distancia de 13,333º hacia el este y ha “aumentado” e incluso también ha “subido”. Al cabo de 10 días ha sobrepasado el primer creciente, se halla a 4 días de la Luna llena y ha ascendido 70º por encima del horizonte, alcanzando su lunisticio norte.

A partir de entonces, todo cambia; la Luna continúa creciendo 4 días más para empezar a descender. Una vez que llega a la Luna llena sólo gravita a unos 60º por encima del horizonte.

Vemos, pues, que estos dos ritmos independientes no concuerdan. Por el contrario, a lo largo del año, se deslizan unos contra otro provocando sobre la Tierra reacciones fluctuantes y creando en el Cielo nuevos ritmos. De hecho, se han detectado más de 650 ritmos y subritmos lunares vividos por la Tierra. Si a esto añadimos los innumerables ritmos inconmensurables del Sol, de los planetas y de la propia eclíptica, resulta desfasado conceptuar los movimientos planetarios como una mecánica celeste. Los hechos nos llevan a pensar que estamos asistiendo a un verdadero baile de esos danzantes que para la Tierra son planetas.

Autor: Xavier FLORIN


Ritmos del Año

La Luna llena siempre se opone al Sol. Se comprenden entonces por qué al Sol de Navidad, rasando el horizonte, responde una Luna llena dominante que se impone alta sobre el horizonte. En verano, sin embargo, por San Juan, se produce lo contrario; al Sol que domina alto sobre el Cielo, responde una Luna llena próxima al horizonte. Las fiestas de Navidad y de San Juan son, por lo tanto, fiestas polares. En primavera y en otoño las cosas son diferentes. El Sol y la Luna llena se muestran a la misma altura sobre el horizonte. Pascua y San Miguel son fiestas de equilibrio.

Existe, sin embargo, una diferencia. Por Pascua el Sol asciende, dominando una Luna que desciende. De ahí el símbolo de origen judío de Pascua (Pascha: pasar más allá) transformado en fiesta cristiana. La lunación que sigue a la primavera, vivificada por el Sol, adquiere una fuerza extraordinaria. No hay que perderla de vista. La vitalidad lunar fulgurante suscita su compañera polar, la Luna que enrojece la helada de primavera.

En otoño sucede lo contrario; la Luna sube y el Sol baja. El símbolo se invierte. Se trata del día de San Miguel, en el que actúan todas las fuerzas del despertar lunar. El corazón que actúan todas las fuerzas del despertar lunar. El corazón pensante está de regreso. Este dato celeste, tan influyente en nuestro psiquismo, es tan importante para la programación de las actividades mentales como para la agricultura. Todo pensamiento racional fuera de las realidades concretas no puede provocar sino perturbaciones profundas en todos los campos.

Existen 12 Lunas llenas a lo largo del año, como existen 12 calidades solares: la Luna llena de Navidad es la más típica en su género, mientras que la Luna llena de San Juan es la menos enérgica.

Los Nodos Lunares:  

El sol describe al girar alrededor de la Tierra un plano ficticio considerado con respecto a la Luna como inmutable, plano llamado de la eclíptica. La Luna, en su rotación alrededor de la Tierra, inscribe también un plano que da un ángulo aproximado de 5,8º respecto a la eclíptica. Durante su rotación mensual alrededor de la Tierra, la Luna corta dos veces este plano de la eclíptica; en su ascenso, es el nodo ascendente y en su descenso, el nodo descendente.

Por otro lado, en cada trayectoria, la Luna difiere muy ligeramente de su recorrido anterior. De ello se deduce que los nodos se desplazan hacia la derecha unos 20º al año efectuando una vuelta completa en 18 años, 4 meses y 19 días.

Esto tiene su importancia. De hecho, hay años en los que la Luna sube o baja de forma más acusada que otros, lo que constituye uno de los numerosos elementos que provocan la diferenciación de los años entre sí: éstos se suceden pero nunca se parecen. Las leyes de la mecánica no son aplicables en este caso.

Hay otro fenómeno que debemos destacar: cuando la Luna pasa por un nodo; es decir, una parte del espacio llamado ficticio sin resultado físico aparente; se producen perturbaciones sobre la Tierra. Y es que, más allá de los planetas físicos que podemos ver, existen campos de fuerzas invisibles cuya existencia quizá pone en movimiento los planetas. ¿Recuperaremos de una forma nueva las esferas planetarias vitales físicamente invisibles de nuestros antepasados?

El Perigeo y el Apogeo Lunares:

En su movimiento alrededor de la Tierra, la Luna describe una elipse casi circular. Cada 14 días, aproximadamente, pasa por el punto más cercano de su órbita a la Tierra (perigeo), a 360.000 Km., mientras que su apogeo (punto más alejado de su órbita de la Tierra) se sitúa a 409.000 Km. Teniendo en cuenta las distancias cósmicas, la diferencia de 49.000 Km. resulta despreciable. El dato, en cualquier caso, tiene su importancia si decidimos considerarlo.

Y otro dato más que invita a la reflexión: debido al balanceo de la trayectoria lunar, el Perigeo y el Apogeo dan vueltas como los nodos pero en sentido contrario: hacia la izquierda. Por otra parte, esta rotación es dos veces más rápida: 40º al año en lugar de los 20º de los nodos. Todos estos ritmos, y no hemos hecho sino empezar, son otros tantos movimientos a tener en cuenta cuyo significado queda aún por descifrar.

El Ritmo Anual del Sol Ascendente y Descendente:

A lo largo del año, el sol se desplaza por la noria cósmica inclinada. Se observa que cuando sube, la primavera y el verano se manifiestan sobre la Tierra en su atmósfera vivificada, mientras que su descenso provoca como respuesta una vitalización de los suelos, subsuelos y raíces. Las respiraciones mensuales de la Luna son vividas del mismo modo por la Tierra. Por lo que respecta al Sol, manifiesta una magistral respiración anual que es el origen de las estaciones de la Tierra.

Por otro lado, el Sol en su periplo pasa por delante de cada una de las 12 constelaciones zodiacales, resultado de lo cual son los 12 meses del calendario.

Autor: Xavier FLORIN


El Reloj Cósmico: El Autor, Xavier Florin

El Sr. Xavier FLORIN es ingeniero agrónomo. Ha sido agricultor, asesor y consultor de agricultura biodinámica. Es miembro del Circulo Internacional de Biodinámica de la Sección de Ciencias Naturales del Goetheanum. Fruto de su amplia experiencia fue la elaboración y diseño del RELOJ COSMICO.


El Señor Xavier Florin en la presentación del
Reloj Cósmico en España.


Asistentes al curso de presentación del
Reloj Cósmico en España.

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